La primera radiografía del Sur


Gonzalo Sanchez

El periodista Gonzalo Sánchez, en su libro de investigación “La Patagonia vendida”, cuenta quiénes son los principales propietarios de esa región del país. En esta entrevista, habla de su trayectoria profesional, sus crónicas de viaje y sus vacaciones, que en realidad eran jornadas de trabajo intenso en el paraíso austral.

por Daniel Rojas Delgado @dRojasDelgado

El jefe de la sección Sociedad de Clarín, Gonzalo Sánchez, revuelve un café dentro del bar de la redacción. Sobre una silla de cuero rojizo, conversa sobre el libro que, tras su publicación en el año 2006, le cambió la carrera: “La Patagonia vendida”. En esta obra asumió una postura políticamente incorrecta, pero fue la llave de acceso para abrirse camino en el periodismo.

En el libro, Sánchez reconstruye quién es quién en la Patagonia, principalmente por medio de entrevistas con los multimillonarios que atesoran la región más austral de la Argentina: el británico Joseph Lewis, los estadounidenses Douglas Tompkins y Ted Turner -el fundador de la CNN, el único que no accedió a conversar con él-, y los hermanos italianos Carlo y Luciano Benetton.

Mientras estudiabas Letras, ¿te imaginabas trabajando de periodista?

Yo quería trabajar en el periodismo gráfico y quería escribir, así que de alguna manera, lo planifiqué. Tuve mucha movilidad: empecé en el primer Perfil, en 1998. Después estuve en la revista Noticias: fue mi etapa más fuerte de formación. En mayo de 2010 entré a Clarín. En el diario, aparte de cubrir la actualidad, hay algo que es más interesante: tener ideas y convertirlas en notas. En el medio de todo eso comenzaron los libros; la Patagonia para mí se convirtió en una especialidad.

Lo último que hice fue “Malvinas, los vuelos secretos”. Encontré una primicia histórica, que era tan fuerte, tan potente que la publiqué acá y me quedaba chica. Planeta Editorial me ofreció hacer un libro y lo escribí en veinte días.

Contame sobre tu relación con la Patagonia: ¿cuándo se conocieron? ¿cuándo se enamoraron?

Yo iba a Acción Católica en Burzaco cuando era chico y me llevaban de campamento a los lagos; eran momentos de mucha plenitud, de adolescencia. Cuando empecé a ser periodista, dije: “¿Cómo hago para hablar de la Patagonia?” Y se me ocurrió hacer este libro a fines de 2003. Me llevó dos años y medio terminarlo.

¿Cuál fue el objetivo que quisiste lograr?

Yo lo que quería era contar una historia de la tierra en esa región que me cautivaba a mí y a mucha gente, por su fama mundial. Entonces dije: “si la historia de la Patagonia es la historia de la tierra, ¿quiénes la venden y quiénes la compran?”. Quería viajar y dar cuenta de mi encuentro con los tipos o con el vecino o la tranquera del tipo cerrada. Y en esa dinámica, describir a los personajes. En ese sentido, está logrado el objetivo.

¿Por qué elegiste un libro para contarlo?

Yo dije: hago notas y al mismo tiempo hago un libro. Yo no tenía los días para irme a trabajar. Entonces, le ofrecía al director de la revista Noticias, le decía: “escuchame, voy a entrevistar a este tipo”. Te propongo una nota con él y me das los días para ir. Lograba ir y me quedaba trabajando para el libro y hacía notas; me parecía que era la mejor forma de sincronizar y potenciar absolutamente todo.

Algo que me llamó la atención y a la vez me gustó fue la escritura de crónica del libro. No es una forma habitual para una investigación.

Verdaderamente yo decidí que fuera así. A veces, cuando a los periodistas les decís que tiene que ser entretenido algo creen que pierde seriedad. Y la verdad es que pasa todo lo contrario: gana profundidad. Yo necesito tenerte viajando conmigo para que puedas leer el libro hasta el final.

Respecto a los diálogos que utilizás, ¿son desgrabaciones o les diste algún tipo de “pulido” a las frases?

Yo tomo muchas notas. Grabo en la entrevista directa, como ahora, si es una entrevista formal. Si no, tomo nota de algo como ayuda memoria, me acuerdo del diálogo y listo. Después reconstruyo. En las notas que publico acá no grabo nada. Cuando tengo que chequear, llamo por teléfono.

Este fue tu primer libro, tu primer best seller. Si bien era un material inédito, ¿te esperabas algo así?

Ponele. Según la editorial (sonríe). Me sorprendió para bien: tuvo buenas críticas y aparte a mí me cambió la carrera. A partir de ese libro la gente me empezó a conocer, me conocieron en las redacciones, me llamaron de otros laburos.

Las investigaciones, generalmente, te llevan tiempo, dinero y esfuerzo. ¿Qué opinás?

Tiempo, esfuerzo, dinero: vos lo dijiste. Guita que uno no tiene. En vez de ir de vacaciones, me iba a trabajar. Pero bueno, vale la pena. Sobre todo a cierta edad, entre los veinte y los treinta.

¿Hay alguna historia que hayas querido contar pero no pudiste, pese a los doce viajes que hiciste a la Patagonia?

Sí. Hay una historia que está contada apenitas: la de un cantante francés famoso que se llama Florent Pagny. Le pedí una nota y no lo pude ubicar.

¿Hubo otro entrevistado imposible?

Turner fue difícil, no pude entrevistarlo. Reconstruí su historia, hablé con quienes le vendieron su campo y por MSN con la novia. Igual todos fueron difíciles: lo primero que te dicen es que no. Tompkins fue el único que me dijo que sí, de una.

Te recomiendo que leas el segundo libro, “Patagonia perdida”, para que veas un poco cómo evolucionan las ideas: hay ensayo. Salda lo que “La Patagonia vendida” no tenía: para mí le faltaba un poco más de compromiso con las víctimas de esta situación. Quería darle toda la potencia a la voz de los desprotegidos; lo saldé y me quedé tranquilo. Los dos libros se complementan.

En la introducción de “La Patagonia vendida” decís que tenías la visión de que todos eran “malos” y terminaste con una visión más matizada. ¿Qué sensación te dejó haber hecho ese gran cambio, incluso en ese primer libro?

La sensación de que esos tipos son muy malos es una sensación de militante. Me parece que ahí fui equilibrado: no son demonios, como dicen los medios. Fui políticamente incorrecto y me hizo bien. En el segundo libro empecé a enojarme, porque claro: se dice que no, pero oprimen a muchos, aunque haya gente que los quiera. Me la jugué un poco más, tenía menos miedo de “comerme” un juicio.

¿Creés que pudiste demostrar algo oculto?

El libro muestra una radiografía de la Patagonia actual, que no llega todo el tiempo a los grandes medios. En ese sentido, sí: eché luz sobre un territorio.

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