Pensar la entrevista


Adrián Mendivil, que se desempeña como profesor del Taller de PdI en la Universidad Nacional de La Plata, analiza la entrevista en el proceso de investigación y aconseja cómo es conveniente realizarla.

por Santiago Codina @sancodina

En la práctica periodística cotidiana, los términos entrevista e investigación suelen ser tan importantes que casi no pueden pensarse aisladamente. Con respecto a esto, se pueden afirmar dos cosas: en primer lugar que la entrevista está comprendida por la investigación y en segundo, que no toda entrevista está al servicio de una investigación. A fin de cuentas, la entrevista resulta muy útil en las investigaciones.

“La entrevista es un tipo de escrito muy digerible. Cuando están bien realizadas y se pregunta de forma adecuada a quien tiene algo que contar, el resultado suele ser excelente”, dice Mendivil.

La entrevista no sólo está presente en los medios gráficos, también se las utiliza, y muy bien, en la televisión y en la radio. Al teorizar sobre la entrevista, el autor destaca que los participantes responden a la “lógica interna”, al funcionamiento “normal” de la entrevista, pero no significa necesariamente que aquellos concuerden con los mismos objetivos e intenciones. Para poder comprender esto, se cita el ejemplo de un candidato político: el político sabe que se expondrá a preguntas incómodas, pero el mismo tiene un objetivo, que es dar a conocer sus propuestas.

Hay que tener presente que la entrevista es parte de un producto social para una cultura y una época determinada. Si no se atiende a este aspecto, no se comprende bien cómo la entrevista para algunos autores es una herramienta que recoge información pura y, para otros, es la expresión de una relación social.

El punto de partida, no obstante, es el informe del propio sujeto. Así, estos procedimientos pueden conseguir solamente el material que el sujeto quiere y puede aportar, y la preocupación del periodista está centrada en si el entrevistado dice o no la verdad.

Con la irrupción de las corrientes constructivistas, los periodistas también comienzan a prestar mayor atención al lenguaje. “Dicho de un modo muy general, la sociedad deja de pensarse como un órgano con vida propia, para concebirse como una resultante de constantes procesos de intercambios simbólicos en situaciones sociales problemáticas”, dice Mendivil. Por lo tanto, la entrevista más que una herramienta para la recolección de datos, se percibe como un intercambio simbólico particular.

A la hora de estructurar el concepto de entrevista, diálogo, proximidad e imaginación son los rasgos que en principio parecen contar con el consenso necesario entre los autores consultados.

El vínculo entre periodista y entrevistado se construye a partir de un tipo de conversación que funciona con las reglas del diálogo privado. Este diálogo que se genera es peculiar y asimétrico, donde una de las partes busca recoger informaciones y la otra se presenta como fuente de esas informaciones.

Mendivil toma de otros autores la categorización de las entrevistas en estructuradas y no-estructuradas (las más comunes en el PdI). En ambas modalidades existe un plan previo, pero en las primeras, durante la entrevista, el plan se aplica rigurosamente, mientras que en las no-estructuradas el plan admite modificaciones. Las no estructuradas se asimilan más a una charla convencional que a un interrogatorio.

Para Homero Saltalamachia, existen preguntas introductorias, de estimulación, de opinión, sobre hechos, focalizadoras y de aclaración. Las primeras se proponen abrir el diálogo, son abiertas y permiten que el entrevistado recurra a su voluntad para introducirse en el tema. Las segundas, las de estimulación, intentan concentrar al entrevistado sobre algo que ha sido dicho y que al periodista le parece importante desarrollar. Mediante las preguntas sobre hechos, se propone al entrevistado un relato lo más caracterizado posible de su experiencia o conocimiento. Por otro lado, las focalizadoras tienen como objetivo retomar temas que el entrevistado desvió, cuando sucede lo que se conoce como “irse por las ramas”. Por último, las de aclaración se hacen cuando el que pregunta no ha entendido, o se desea corroborar lo antedicho

Pensar la entrevista ayuda al entrevistador a ser atento y vigilante, en el buen sentido de la palabra. Mendivil reflexiona: “hay que insistir en la idea de que si bien todo entrevistado interpretará sus hechos pasados y presentes acudiendo a sus valores y conocimientos, esto no debe ser vivido como invalidante de dicho proceso”.

La persona que el periodista tiene enfrente al momento de una entrevista le cuenta al mismo, vivencias, creencias o cuestiones que ha interpretado. Precisamente, de lo que se trata, es que la entrevista sirva para captar el sentido atribuido, de pensar la entrevista.

Artículo basado en el documento La Entrevista en el Proceso de Investigación de Adrián Mendivil.

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