Fortuna, fama y poder


El autor del libro “La Noble Ernestina”, explica cómo fue investigar al Grupo Clarín, a través de un recorrido por la vida de la principal accionista, Ernestina Herrera de Noble. Pablo Llonto también cuenta su experiencia dentro la redacción, los aprietes olíticos y los conflictos laborales que vivió dentro del diario más poderoso de la Argentina.

por Romina Daens @rodaens

Clarín no sólo es el diario de la clase media, sino también una corporación mediática que involucra empresas de todos los rubros. Su dueña, Ernestina Laura Herrera de Noble, viuda del fundador Roberto Noble, cuenta en la actualidad con una fortuna estimada en alrededor de 1.500 millones de dólares. La mujer con la máxima fortuna en el país está a la cabeza de uno de los polos de poder económico y político del país.

“La Noble Ernestina” es un libro publicado por Pablo Llonto, un periodista que perteneció a la redacción de Clarín entre los años 1978 y 1991. Se desempeñó en la sección “Deportes” y fue entre 1984 y 1991, delegado de la comisión interna que conformaba junto a su mujer Ana Ale y sus compañeros de trabajo. Luego de que la empresa le impidiera el ingreso al edificio, fue nuevamente elegido como representante gremial hasta 1999, año en el que fue despedido formalmente.

La investigación narrada al compás de la ficción creativa revela como Herrera de Noble se convirtió en el peso más pesado del empresariado local, así como cuáles son las consecuencias que se reflejan en la realidad. Llonto señala con convicción: “Clarín no es un grupo mediático sino un grupo político que quiere gobernar el país”.

 ¿Cómo surgió el tema de investigación? ¿Cuál fue el disparador para hacer el libro?

El libro fue un proyecto que surgió porque Ana Ale, mi compañera, y yo teníamos ganas de hacer un libro sobre Clarín, digamos que la idea la tomamos en conjunto. Los dos trabajamos ahí, a mi me despiden en el ´99 y a ella en el 2000. Siempre fue nuestro interés de escribir sobre el diario porque no había nada referido al tema. Primero fue una necesidad sindical, como con Ana también formamos parte de la comisión interna del diario surgía la necesidad de saber qué era Clarín, cómo se manejaba el grupo, de que trata la empresa, cuánto ganan, quienes son, adonde va la plata. En ese momento era muy difícil saber algo de Clarín.

¿Qué técnicas utilizaste para llevar a cabo la investigación?

Fue básicamente la búsqueda exhaustiva de documentación, libros, biografías, papeles, partidas de nacimientos. También lo fundamental que me sirvió de mucho fueron las fuentes personales del diario. Por lo general era hablar con la gente vieja del diario. Gente que había estado antes que uno. Para escuchar más que nada cómo había sido la fundación de Clarín, los ´60 con Noble. Lo que despertaba la incógnita en nuestra vida cotidiana es el por qué de que una mujer que no tenía experiencia en periodismo comenzó los ochenta a construir un imperio. El poder de esta mujer generaba un misterio por conocer bien qué había sido Clarín y qué era.

Finalmente arreglé con el editor de Astralib hacer un libro chico, de uso cotidiano y como columna vertebral la vida de Herrera de Noble.

¿Cómo fue posible la difusión mediática teniendo en contra al multimedio?

En realidad hay leyendas que giran alrededor del libro sobre prohibiciones y sacadas de librerías pero tiene más que ver con que el libro salió por editoriales que son cooperativas, Astralib y Punto de Encuentro, que son editoriales chicas con distribuidores chicos. Lo que sí costó es hacerlo conocer, de hecho a mí me tocó a favor la Revista 23 con la difusión de Lanata, el otro Lanata, el anti Magnetto.

¿Cómo fue trabajar en Clarín la época de la dictadura?

Yo tuve dos etapas en Clarín, una de pibe y otra después que abrir los ojos por decirlo de alguna manera. Entré muy pibe a Clarín, fue en el ´78 y yo tenía apenas 17 años, entré con la convicción que cualquier pibe a esa edad y en esa época entraba en una redacción de un medio como ese. Era como entrar a jugar en River o en Boca. Los primeros dos años fueron de completa ingenuidad, estuve fascinado por lo que significaba haber entrado en Clarín ignorando todo. No tenía experiencia política y desconocía un montón de situaciones, como muchos, de lo que pasaba en el país. No les creíamos a lo que decían de afuera, les creíamos ciegamente a los medios nacionales.

Pero por otra parte, mi segunda faceta en Clarín surge a partir de que me empiezo a relacionar con otros compañeros en el diario que son los que me abren los ojos. Mi primera apertura de ojos me la da un compañero, Oscar Cardozo, periodista de política, en la cobertura de la llegada juvenil de fútbol en el ´79, que venía de ganar en Japón, en el mismo momento estaba de visita la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA para comprobar si era cierto lo que se decía en el exterior. Los jugadores viajan rápidamente a la Argentina, aviones militares los traen para opacar con el festejo del triunfo del mundial de Japón la visita de la Comisión.

Cuando me mandan a cubrir la llegada de la selección, voy con el “Gordo” Cardozo que él iba por la sección política. Yo me quedaba en Aeroparque y él iba a Avenida de Mayo al 600 donde, estaba la Comisión y había colas de familiares para hacer las denuncias por los desaparecidos. Ese día se vivió una situación fuerte e impresionante. Cuando volvemos el “Gordo” y Yo, por primera vez percibo lo que estaba pasando, todo lo que se estaba tapando. Cardozo para mí fue uno de mis compañeros que me permitió ver la realidad.

¿Cómo fue la experiencia como delegado sindical de los trabajadores de Clarín?

El primer intento de sindicalización fue en el año 1982 donde el diario reprime y despide a varios compañeros. Reclamábamos por la explotación, nos tenían a los jóvenes a la mayoría como irregular. Éramos redactores, trabajábamos todos los días con horario, pero no nos tenían como redactores, nos tenían como colaboradores. Todo eso durante cuatro años. Después de los despidos decido involucrarme políticamente y en el año 1984 me nombran como secretario general de la comisión interna.

Entre el ´84 y el ´89 vivimos una especie de primavera donde fueron cinco años de intensa actividad sindical, de recuperación de conquistas, como la retribución de los pagos de las horas extras, por ejemplo.

¿Cómo fue la experiencia de cubrir el Juicio a las Juntas en 1985?

Fue muy buena. Esa cobertura la realicé junto a un compañero, Claudio Andrada. Fue mi trabajo dentro de la sección de política en el diario y no terminé de cubrirlo entero porque me volvieron a trasladar a deportes por ser candidato suplente en una lista en aquel momento del MAS, para la localidad de San Martin.

En ese momento ya era abogado y estaba chocho en cubrir los juicios de Derechos Humanos desde lo periodístico, pero también de lo personal. Aunque bueno, me sacan por cuestiones puramente políticas. Pero bueno, igual tenía la credencial así que el día de la sentencia fui igual.

¿Qué pasó luego de tu despido?

Me prohíben la entrada en el ´91, llego al diario y el de seguridad me dijo que tenía la orden de que no me dejara entrar. La explicación era que me habían hecho una serie de juicios, que me consideraban persona que atentaba contra la seguridad. Esto se da porque después de un reclamo en el ´89 por la hiperinflación, el diario se niega, nosotros tomamos la planta de impresión como forma de reclamo y se propuso quedarnos ahí hasta que se decida darnos el aumento.

El 14 de julio del ´89 no salió a las calles, Clarín hizo denuncias por usurpación, cayó una jueza que ordenó el desalojo, se rodeó con autoridades policiales para desalojar. En asamblea ganó la parte que decidieron levantar la toma, yo apoyaba junto a otros compañeros quedarnos. Eso generó un debilitamiento interno y Clarín detecta esto y lanza la ofensiva que era sacarme de encima. Me inicia juicios por no dejar me revisen la mochila, por usar términos injuriosos contra la empresa y, supuestamente, por agredir a un encargado en una asamblea, hecho que no había ocurrido y habían puesto a testigos falsos. Así me niegan la entrada. Al poco tiempo logré que una jueza ordene mi reincorporación pero no la cumple.

Clarín lleva el caso hasta la Corte Suprema de la Nación y en el ´99 la Corte falla a favor del diario y ahí me mandan el telegrama de despido. Igual en esos ocho años me siguieron votando como delegado, pero yo participaba puertas afuera.

¿Qué pensás que hubiese pasado si la mayoría de los periodistas y profesionales de la comunicación hubieran dejado de lado el miedo?

Si hubiesen sido todos, se terminaba la dictadura, pero si algunos, los más grandes hubieran tenido otra actitud hacia las violaciones de los Derechos Humanos, se hubiesen salvado miles de compañeras y compañeros. Los medios acompañaron el terrorismo de Estado. Existieron excepciones individuales.

¿Qué opinás sobre las recientes comparaciones del Gobierno con una “dictadura”?

Eso es una locura, desde lo fáctico, desde lo político. Además, jamás hubo en la Argentina tanta libertad de expresión como lo hay ahora. Acá lo único que falta es que Clarín saque un poster de Cristina con un tiro al blanco que diga: “compre y péguelo en su casa”. O que Clarín convoque al linchamiento a pedradas a Cristina, la verdad no sé qué falta, si pueden decir lo que quieran.

Hoy no sólo están las redes sociales, el blog, la posibilidad de dejar tu opinión en los diarios, no sé que falta. Ahora, si además querés que el canal estatal diga lo que vos decís en tus medios bueno… es un grado de locura elevado.

Clarín tiene más de 300 medios. ¿Quién le prohíbe lo que tiene que decir? Nadie, pero encima quieren que los que ellos dicen lo digan los medios que no son de ellos. Es demasiado, una barbaridad claramente.

Nosotros luchamos por la democratización de los medios y a esta gente lo que le molesta es eso, ellos quieren ser los únicos que forman opiniones y les molesta que se pongan a la luz otras opiniones que no sean las de ellos. Clarín no es un grupo mediático sino un grupo político que quiere gobernar el país.

¿Qué pensás que va a suceder con Clarín después de 7 de diciembre, como la fecha máxima para la adecuación de la Ley de Servicios Comunicación Audiovisual?

No creo que suceda mucho después del 7. Sí creo que el Estado va a jugar un rol distinto por eso la designación de Sabbatella, como intento de darle velocidad a la aplicación de la Ley.

Pero el cambio va a surgir a partir que nosotros, la sociedad, los periodistas, los sindicatos, las organizaciones, empiecen a tomar la comunicación en sus manos; empiecen a hacer programas, radios, canales, productoras que cambien los contenidos. Es a partir de ahí que se gana la batalla de medios y se termina con el monopolio. Porque si se le sacan las licitaciones usurpadas a Clarín, pero no existen nuevos medios de comunicación, esa pelea no se puede ganar. Tienen que entrar en escena nuevos medios de comunicación para empezar a ver el cambio.

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