Diego Rojas: “Pedraza pensaba que vivía en la impunidad”


El autor de ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? cuenta cómo logró acceder a las fuentes y documentos que prueban que el asesinato del militante fue una acción orquestada por la cúpula de la Unión Ferroviaria y analiza la figura de José Pedraza, secretario general del gremio y principal instigador del crimen. Además: gobierno, medios y barrabravas, la maquinaria de un aparato sindical corrupto.

por Mauro Castro @cas_mau

¿Por qué decidiste iniciar esta investigación?

El asesinato de Ferreyra fue conmocionante para todo el mundo, y como yo había militado de chico en el Partido Obrero lo fue aún más para mí. Me tocaba personalmente y no sólo como un hecho político y social. Yo en ese momento era redactor en jefe de la Revista Veintitrés y me dijeron que haga una columna contando quién había sido Ferreyra; ése fue el primer acercamiento. Hablar con los compañeros que habían estado con él cuando lo mataron fue tremendo; estaban llorando en el teléfono y contándome quién había sido Mariano. Eso me decidió a ir al entierro dos días después, un viernes, y esa noche al volver escribí en un blog un post muy largo y crítico que después tuvo mucha difusión entre los periodistas. Hasta ese momento no tenía pensado escribir un libro, pero en diciembre se produjo la ocupación del Parque Indoamericano donde la Policía Federal y la Metropolitana reprimieron. Ese día estaba viendo por televisión cómo los vecinos desalojaban a tiros a los ocupantes. Era una violencia loca que a la vez era política porque había un reclamo por viviendas y un desalojo ordenado por el gobierno nacional y el gobierno de la ciudad. Yo estaba muy angustiado y no pude dormir, y en ese insomnio pensé que esta violencia política estaba ligada al crimen de Ferreyra y que había que escribir sobre eso. Esa noche pensé también que el libro se tendría que llamar ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? en relación al libro de Walsh, y decidí la estructura. Al día siguiente le escribí a una amiga de la Editorial Norma para contarle la idea, días después firmamos el contrato y ahí empecé la investigación.

¿Cuál fue tu hipótesis inicial?

La investigación del libro corrió en paralelo a la investigación judicial y la hipótesis que yo tenía era la que se venía manejando: que la dirección sindical de la Unión Ferroviaria había ordenado realizar un ataque contra los tercerizados para que no rompieran más las pelotas con sus cortes y sus reclamos por la incorporación al convenio ferroviario. Detrás debía haber un negocio y la hipótesis también apuntaba a ver qué estaban defendiendo. Una investigación se encarga de mostrar aquello que está oculto.

Partiendo de la base de que el asesinato fue realizado por la dirección sindical de la Unión Ferroviaria, había que investigar cuál era el negocio de las tercerizaciones, por qué no querían que los tercerizados se incorporaran a planta, cuál era el estado del ferrocarril, etc. La hipótesis central apuntaba a buscar cuáles eran las causas económicas que llevaron a que se decidiera ese ataque contra los tercerizados.

La investigación también hace hincapié en la relación de la Unión Ferroviaria con políticos y barrabravas.

Me interesaba ver cuáles era los vínculos políticos que provocaron que la dirección sindical se animara a intentar ese ataque. Es una locura que se realice un ataque de esa naturaleza, con armas de fuego; era una violencia fatal y planificada. Entonces otra hipótesis que había que comprobar era que acá hubo una situación política que les permitió a los dirigentes de la Unión Ferroviaria realizar este ataque porque consideraban que tenían un plafón político. Esto me llevó a investigar lo que en el libro llamo “tercerización de la represión”: distintos ataques de sectores sindicales hacia los trabajadores que luchan y son opositores a la dirección que durante el kirchnerismo reemplazaron a la represión estatal. El Estado no reprime directamente la protesta social sino que lo hace a través de estas patotas sindicales. Y un tercer objetivo era saber qué hacía Favale ahí, que no era un ferroviario sino un barrabrava, y esto me llevó a investigar cómo estas patotas sindicales estaban conformadas por barrabravas. En esos tres ejes desarrollé la investigación. Después con testimonios de la gente que estuvo ese día intenté reconstruir de un modo más narrativo la crónica de los hechos.

¿Cómo lograste acceder al expediente de la causa?

Contacté a las querellas, tanto al CELS (Centro de Estudios Legales y Sociales) como al Partido Obrero, y tuve mucha colaboración de su parte, así que pude acceder a distintas partes del expediente. Allí figuran las pericias balísticas, el registro de llamadas, la autopsia de Ferreyra y los informes médicos de los otros heridos y el dato de la complicidad policial, que cortó y adulteró las grabaciones de los incidentes, entre otros documentos.

¿Por qué participa de la marcha el barrabrava Cristian Favale?

En una edición de un diario zonal de Florencio Varela, Varela Al Día, salió una nota donde decía que Favale tenía vínculos con los punteros del PJ de la zona, como otros integrantes de la patota que fueron detenidos por la jueza Wilma López. Favale forma parte de los grupos a los que recurre el PJ bonaerense para llenar sus actos. Hablé con varios ferroviarios que estuvieron en la marcha y me dijeron que la bolsa de trabajo de la Unión Ferroviaria la maneja el sindicato; ellos proponen los ingresos. Esto es una tradición gremial: los hijos de los ferroviarios tienen derecho a ingresar al ferrocarril de manera prioritaria frente a otros trabajadores que se postulan. Pero desde hace tiempo esto había cambiado y últimamente ingresaba gente de los aparatos punteriles del PJ, conformando una base adicta que era utilizada como fuerza de choque. De allí salió Favale. Otra cosa que demuestra estos vínculos políticos de Favale con el poder son fotos que se sacó con Boudou y el ministro de Educación Alberto Sileoni en la peña “La Epoka”, que organiza el vicepresidente y en la que Favale integraba la patota de seguridad.

¿Cómo pudiste probar que Favale tenía vínculos con el delegado sindical Pablo Díaz?

Favale tiene llamados desde los teléfonos de Pablo Díaz y de su hijo Catriel Díaz, que figuran en el registro de llamadas que consta en el expediente. Hay una relación cercana y concreta que llevó a que también estuviera en la represión a los tercerizados el 6 de septiembre de 2010 en Constitución y el 15 de octubre de ese año, cinco días antes del asesinato de Ferreyra, en el acto en River Plate donde el arco gremial le dio el apoyo a Cristina Fernández de Kirchner y también a Moyano. En el expediente judicial también está la recomendación firmada por el “Gallego” Fernández (Secretario administrativo de la Unión Ferroviaria) que le pide a la gente de Recursos Humanos de UGOFE que considere el ingreso de Favale al ferrocarril, por su vínculo con Díaz.

¿Cómo lograste reconstruir la crónica del lado de los ferroviarios?

En el expediente también está la nota que envía la empresa UGOFE licenciando a los ferroviarios del Roca por pedido de Díaz. De ese listado de 80 trabajadores conseguí la mayor parte de los nombres, y de esos nombres unos 40 teléfonos y me dediqué a llamar a esos ferroviarios para tratar de buscar testimonios de ese lado. Gracias a eso pude tener una versión no alejada de la realidad, juntando diálogos como el de Favale diciendo “Al gil ese de la gomera le agujereé la panza” o el “Vamos, que aprendan” de Díaz. Parece de película, pero los testimonios dicen que el ataque se inicia cuando Díaz dice eso.

¿Por qué creés que algunos ferroviarios se mostraron dispuestos a revelarte esa información?

Los ferroviarios fueron a impedir el corte de vías porque después se podían ir a la casa. Ellos salían a las cuatro de la tarde, pero si el corte terminaba a las doce podían irse.

Entonces por un rato más de ocio estaban dispuestos a impedir que trabajadores cortaran el ferrocarril para acceder a un trabajo como el de ellos. No hay posibilidad de que esto sea comprendido por parámetros morales. Sin embargo, esta gente no fue a matar ni a pegarle un tiro en la cabeza a una mujer de sesenta años. Entonces el cargar sobre los hombros con el peso de un muerto hizo que varios testigos accedieran a contarme cómo sucedió todo. El tiempo hace un trabajo sobre las conciencias, porque cargar con el peso de un muerto debe ser bastante jodido. El 1 º de mayo de este año entrevisté a otro ferroviario que identifica fehacientemente a Favale como el tirador, ya que disparó estando a treinta centímetros de él. Tuvieron que pasar seis meses para que este trabajo sobre la conciencia lo decidiera hablar. Creo que es eso: el peso de tener un muerto que no elegiste tener debe ser una cosa tremenda.

¿En algún momento pensaste que la investigación podía fracasar?

No. Hubo un encadenamiento de hechos que hizo que todo fuera saliendo en las mejores condiciones. Pedraza no le dio la entrevista a ningún otro periodista y esto claramente abrió un montón de puertas. La fuente ferroviaria pensó: si habló Pedraza, puedo hablar yo. Aunque también es probable que Pedraza haya hablado conmigo con la intención contraria. Tiempo después de haber hablado conmigo, las personas de los talleres de Remedios de Escalada me contaron que en el taller empezaban a preguntarse quién era Diego Rojas y por qué rompía tanto las pelotas. Estos comentarios probablemente le hayan llegado a Pedraza y se hayan combinado con mi insistencia, porque desde que accedí a su teléfono lo llamé todos los días solicitando una entrevista. Mi hipótesis es que él habló para que yo no molestara más a su tropa, porque supuso que teniendo la palabra del máximo dirigente de la Unión Ferroviaria yo no necesitaría más testimonios.

¿Cómo fue entrevistar a Pedraza?

Uno cuando está entrevistando a alguien intenta ser lo más simpático posible, por lo menos en un primer momento y hasta donde se pueda, para lograr un clima de confianza y empatía. La entrevista duró 1 hora 20 y en muchos momentos fue muy tensa. Al principio, cuando llegué a su oficina en el cuarto piso, me dije que era un viejito que probablemente después iría a buscar a sus nietos al colegio o algo por el estilo. Pero con el correr de la entrevista esa imagen se fue cayendo por sus respuestas absurdas, ya que decía que las balas que habían matado a Ferreyra las habían disparado sus propios compañeros y que tenía pericias para probarlo. Una locura que expresaba en realidad una percepción sobre sí mismo de vivir en la impunidad. Pedraza pensaba que vivía en la impunidad y parece lógico porque había atravesado los ’90 y la destrucción de los ferrocarriles, y pese a esto seguía atravesando el kirchnerismo como si nada.

¿Por qué creés que Pedraza aceptó darte la entrevista y no el “Gallego” Fernández?

Quizás el “Gallego” era más realista y no confiaba tanto en la impunidad. Después me contaron que en una escucha posterior Pedraza está hablando con el “Gallego” y le dice: “Mañana viene el pibe éste, el periodista”, en referencia a mí. Los dos sabían de la entrevista y por lo tanto uno puede pensar que se trató de una decisión más orgánica: “Que no joda más en la base, hablemos nosotros”. Y ese “nosotros” era Pedraza.

Hay una contradicción en la declaración de Pedraza: en la indagatoria dijo no tener conocimiento del crimen, pero a vos te reconoció que sí.

En la entrevista que mantuve con Pedraza él reconoce que Díaz estaba en comunicación con Fernández. El entrecruzamiento de llamadas permite ver que ese día hubo muchas conversaciones primero entre Díaz y Favale y después comunicaciones permanentes entre Díaz y el “Gallego” Fernández, que estaba con Pedraza en el congreso ferroviario LatinRieles. Esto era muy significativo por el aspecto simbólico: mientras en Avellaneda los tercerizados luchaban contra la patota del sindicato, Pedraza y Fernández estaban en este congreso con directivos de las empresas tercerizadas y con el secretario de transporte Juan Pablo Schiavi. Es imposible que Pedraza no tuviera conocimiento del crimen porque estaba al lado de Fernández cuando éste se comunicaba con Díaz. Por otro lado, el día anterior él le había avisado a Schiavi que se iba a hacer el corte y que la Unión Ferroviaria no iba a intervenir, lo cual resulta absurdo teniendo en cuenta que el sindicato licenció a 80 personas para que pudieran concurrir.

No hay forma de que no estuviera al tanto.

Pedraza pasó de militar en el peronismo combativo en los ’70 a ser cómplice de las privatizaciones en los ’90. ¿A qué se debió este cambio?

Eso es inexplicable. Él venía del partido socialista y después se integró al peronismo y participó de una de las primeras huelgas durante la dictadura en 1979. Luego de la vuelta a la democracia integró el peronismo renovador y se postuló a sí mismo como la centroizquierda peronista, a mediados de los ’80. Pero una vez que el peronismo renovador pierde la interna con Menem, inmediatamente se pliega en forma entusiasta al menemismo. ¿Cómo se explica eso? Probablemente pensó que todo pasaba por la plata y que eso le permitiría pasar de ser un simple sindicalista a tener una mansión en Castelar o un piso en Puerto Madero. La única manera de lograr eso era a través de este pasaje furibundo a las políticas más expoliadoras del capitalismo, que estaban representadas en el menemismo.

¿Cómo viste el tratamiento mediático del caso?

Veintitrés decidió no llevar la noticia a tapa, pero en un cuadro decía que se iba a contar toda la verdad sobre un choque entre sindicalistas de distintas ramas, o algo por el estilo. Fue muy perverso el accionar de los medios kirchneristas. En Radio Nacional bajó una orden para no mencionar al Partido Obrero y para referirse a Mariano Ferreyra como el “manifestante” y no como el “militante”. En ese momento yo era delegado sindical de Veintitrés, pero después renuncié porque veía que me iba a tener que ir de la revista porque había llegado un momento de desavenencias políticas muy fuertes. El 21 de octubre, un día después del asesinato, tuve una reunión con Sergio Szpolski, mi compañero de comisión interna, donde me dijo el medio iba a plantear que se haga justicia pero que el Partido Obrero no iba a tener espacio. Tiempo Argentino le dio la palabra a gente del Frente Para la Victoria que condenaba el asesinato pero no habló con un dirigente del partido al que pertenecía el asesinado. En una cobertura periodística no podés obviar un dato tan grande como es que Mariano militaba en tal partido, estuviera o no equivocado. Es una cuestión básica del periodismo consultar a sus compañeros y dirigentes.

¿Qué posibilidades creés que hay de que cambien las prácticas mafiosas del sindicalismo a partir de la detención de Pedraza y la conmoción que generó el crimen?

Sucedió en otras ocasiones que algunos asesinatos produjeron cambios sociales muy grandes. Después de la muerte del soldado Carrasco se terminó la colimba, el asesinato de María Soledad Morales en Catamarca provocó la caída del régimen de los Saadi y el asesinato de Kosteki y Santillán impidió que Duhalde produjera este giro derechista que había mostrado al reprimir con tanta violencia la protesta social. Si esto va a pasar o no a partir del crimen de Ferreyra es una posibilidad abierta. Creo que lo que estamos viviendo es un claro repudio a este tipo de prácticas; hay una mayor conciencia sobre el rol de la burocracia sindical y me gusta pensar que este asesinato no fue en vano.

Con Pedraza detenido, ¿cómo pensás que va a seguir la causa?

En febrero se hace el juicio oral y por ahora la Justicia viene realizando su trabajo de un modo más feliz que en otras oportunidades. Esto permite pensar que quizás se vaya a fondo en la decisión de condenar a Pedraza por este crimen. Es una esperanza y esperemos que suceda.

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