Un abordaje de la entrevista periodística


El contacto con una fuente de información no siempre se encuadra dentro de la  categoría de entrevista periodística. Por el contrario, esta modalidad tiene sus propias características, divisiones y estrategias de realización que el periodista y docente español Juan Cantavella aborda en su manual práctico.

por Mauro Castro @cas_mau

El sentido común dice que todo contacto que el periodista mantiene con una fuente para obtener información es una entrevista. Sin embargo, existe una diferencia sustancial entre la utilización de datos puntuales en las notas periodísticas que aparecen a diario en los medios y la reproducción de un diálogo entre periodista y entrevistado.

Los elementos que comúnmente ve el lector en las noticias y las crónicas son obtenidos en conversaciones que el periodista mantiene con la fuente. Pero este contacto no puede calificarse como entrevista pues las declaraciones que se obtienen son reproducidas en forma aislada para redactar una nota y ocupan un lugar secundario con respecto al resto de la información.

Básicamente, la entrevista se considera un subgénero periodístico cuando por sí misma constituye un artículo entero o su mayor parte, y no cuando se extraen fragmentos de ella para construir y argumentar notas de publicación diaria. En la entrevista, las posibilidades del diálogo son mayores: el interrogador debe tener habilidad para hacer que el entrevistado hable sobre hechos que anhela conocer el público o que revele sus opiniones y sentimientos más profundos.

La entrevista es una conversación del periodista con una o varias fuentes con fines informativos, ya sea para conocer su opinión sobre un tema o para reconstruir su vida y personalidad, siempre que se reproduzca en forma de diálogo. Sólo hay entrevista si el lector puede constatar que efectivamente ocurrió ese diálogo entre el periodista y la fuente, y que no se trató de una consulta ocasional.

Entrevistar, entonces, supone una relación dialéctica entre periodista y entrevistado, donde este ultimo genera información a partir de reflexionar sobre las cuestiones que le plantea el entrevistador. El lector, a su vez, debe tener la sensación de que forma parte de ese encuentro y de que el entrevistado conversa directamente con él. En una buena entrevista periodística, todo debe girar en torno a la reflexión y a la producción de conocimiento, al surgimiento de nuevos interrogantes.

Clasificación de la entrevista

Una de las clasificaciones de la entrevista que mayor aceptación tiene es aquella que distingue cuatro clases: de declaraciones, de personalidad, de fórmulas establecidas y de semblanza.

La de declaraciones aporta información sobre un acontecimiento o proyecto y no sólo es la más frecuente en el ejercicio periodístico por su sencilla realización sino también por ser la más fácil de leer debido a su inmediatez y su estilo directo y llano. Es el protagonista del hecho o el responsable del proyecto el que brinda una declaración que será reproducida en forma textual y que les transmitirá a los lectores la opinión o la propuesta del entrevistado.

Este tipo de entrevistas puede ser sobre hechos u opiniones, generalmente acerca de un tema de actualidad. De fácil redacción, no requiere vastos conocimientos técnicos pues se trata de reproducir lo que dijo de interesante el entrevistado. Aunque no suelen destacar por su profundidad o elaboración, son tan válidas como las demás si logran transmitir información que atraiga al lector.

Las de personalidad tienen como objetivo revelar la forma de actuar y de pensar del entrevistado; a partir de las preguntas del periodista revelará sus sentimientos, sus ambiciones, sus trayectoria, etc. Esas declaraciones se combinan con la impresión subjetiva del periodista y con los detalles que capta durante la conversación. Estos dos elementos, respuesta del entrevistado e impresiones del periodista, le darán al lector una imagen bastante aproximada del sujeto.

La característica fundamental de las entrevistas de personalidad es que se centran en una persona, no en sus declaraciones, por lo que son el instrumento más eficaz para llegar a fondo a un entrevistado (cabe aclarar que éste no tiene que ser necesariamente un famoso; el único requisito es que tenga algo importante para comunicar).

La redacción de esta clase de entrevistas requiere mayor creatividad de parte del periodista, ya que deberá situar al lector con datos del ambiente y describir el curso de la entrevista, subrayando la intención, los gestos y el modo de responder del sujeto. De esta forma, la función de informar se combina con la intención de presentarle al público un producto estético de calidad; al ser el personaje lo importante y no la declaración, también es fundamental atender a las formas de hablar, la gesticulación, los silencios, etc.

Para que una entrevista de personalidad tenga éxito es necesario que el periodista logre cierto nivel de intimidad con el personaje, una aproximación lo más cercana y fiel posible al individuo privado que se oculta detrás del traje de personaje público. En ese clima de confianza debe existir un ida y vuelta, un diálogo que refleje el interés de los dos interlocutores y no el compromiso laboral y obligatorio del periodista.

La de semblanza o de perfil, que puede considerarse como una variante de la de personalidad, apunta a la reconstrucción biográfica, construida en base a las opiniones, declaraciones y experiencias del entrevistado, pero combinadas con material de archivo y testimonios de fuentes cercanas al él. El objetivo de esta clase de entrevistas es formar una especie de mosaico para dar un retrato lo más nítido posible del entrevistado combinando sus dichos con los comentarios del periodista y la información que obtiene de otras fuentes, utilizando alternativamente la narración y el diálogo para su redacción.

Las de formas establecidas son derivaciones menores de la entrevista, donde el sujeto responde según parámetros rígidos como en el caso de la entrevista de cuestionario fijo y la encuesta. La entrevista de cuestionario fijo, de estilo ameno, está basada en preguntas pre-establecidas que son realizadas a diferentes individuos, sin posibilidad de variación, con el objetivo de abordar su personalidad pero de forma más ligera, apelando no a sus respuestas profundas sino a su rapidez, gracia y agilidad para responder.

La encuesta, por otra parte, tiene menos preguntas que la modalidad anterior y apunta a recoger opiniones de los entrevistados en un estilo más formal, y no tanto a mostrar su intimidad a través de gustos y aficiones.

Etapas de la entrevista

El proceso de realización de una entrevista consta de tres momentos: preparación, ejecución y escritura, cada uno de los cuales presenta sus particularidades.

En la etapa de preparación, el periodista debe documentarse a fondo para no formular preguntas obvias con resultados obvios y para que el entrevistado no repita lo que ya ha dicho en varias oportunidades. Además, la documentación previa evita que el personaje tenga que dar al periodista datos sobre su vida y obra, que éste ya debe conocer de antemano.

Esto vale por igual para la entrevista de declaraciones, donde no es necesario saber tanto del entrevistado como del tema a tratar, y para la de personalidad, donde obviamente el conocimiento del personaje es vital y debe construirse con documentación de diarios y revistas y testimonios de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo.

Otro paso importante de la etapa de preparación es la elaboración de un cuestionario previo, aunque sea mínimo, con las preguntas básicas. Esto ayudará a que el periodista no quede en blanco sin saber cómo continuar la entrevista y evitará que olvide los asuntos relevantes a tratar.

Aunque parezca innecesario aclararlo, esta etapa de documentación no tiene sentido si no se solicita la entrevista. Puede resultar una acotación obvia, pero muchas veces el periodista no contacta a una persona porque cree de antemano que será imposible que acceda a hablar.

El momento más importante de una entrevista es el que sigue a la preparación: la ejecución, el desarrollo mismo del encuentro. Lo importante aquí es crear un clima de cordialidad e intimidad, para que el diálogo no sea forzado sino que se asemeje a una conversación informal; la charla debe fluir, no saltar de un tema a otro bruscamente, pero no debe perderse de vista que siempre será el entrevistador quien la guíe y no su entrevistado.

Con respecto a las preguntas, deben ser formuladas de tal manera que puedan arrojar un contenido interesante para los lectores y para que el entrevistado pueda explayarse. En ese sentido, las preguntas que exigen respuestas monosilábicas no sirven.

Saber preguntar es fundamental; las mejores preguntas son las directas, no aquellas que no conducen a nada por ser demasiado extensas o por estar formuladas de manera rebuscada. Para preguntar con claridad es necesario conocer el tema, de lo contrario la pregunta será obvia o confusa y no arrojará ningún resultado positivo.

Asimismo, saber escuchar es tan importante como saber preguntar; si no se presta atención a la respuesta del entrevistado el diálogo se quiebra pues la conversación será un combinado de temas aislados donde, muchas veces, una misma pregunta se repetirá varias veces.

En ciertas entrevistas será necesario formular una pregunta indiscreta o comprometedora. De ninguna manera el periodista debe privarse de hacerla por temor a perder la entrevista o la confianza del entrevistado, pues de esa manera estaría hipotecando la calidad noticiable y el valor periodístico de la nota. Una pregunta, por más incómoda que sea, siempre puede formularse en el momento preciso, con un clima de confianza previamente construido.

En otras ocasiones, la respuesta que tanto busca el periodista tendrá lugar cuando el entrevistado, relajado por el clima de confianza con aquel, suelte declaraciones sin darse cuenta de ello. Sin embargo, conviene volver a preguntar lo mismo de otra manera para constatar que no se trató de un acto de irresponsabilidad o de una distracción.

Las cuestiones técnicas también son un tema a considerar: ¿es conveniente grabar la entrevista o tomar apuntes mientras habla el entrevistado? Cada método tiene sus ventajas y desventajas: grabar permitirá registrar con fidelidad las declaraciones y percibir entonaciones, silencios y vacilaciones, aunque en ocasiones puede intimidar al entrevistado. Por otra parte, escribir ayudará al periodista a sacar lo verdaderamente importante del encuentro, ya que tomar apuntes se convierte en una especie de filtro al ser imposible anotar todo, pero también lo privará de prestar atención a los gestos del sujeto y al entorno.

La tercera etapa, la de la escritura, ofrece diversas variantes según cada clase de entrevista. Las de declaraciones, por ejemplo, son las más fáciles de redactar pues se trata de transcribir lo que dijo el entrevistado en formato de pregunta y respuesta o con entrecomillados; la redacción del artículo donde se colocarán las declaraciones responde al formato tradicional de la noticia.

En el caso de las entrevista de personaje y de semblanza la cuestión es más compleja porque no se trata de escribir en forma textual lo que dijo el entrevistado, sino de recrear el ambiente donde tuvo lugar la entrevista, las sensaciones que le generó al periodista, los gestos del personaje, etc.   En cuanto al cuerpo del artículo, también hay diferentes formas de escritura. En la entrevista de declaraciones las opiniones del periodista no podrán reproducirse dado que afectarían la pretendida objetividad del texto. Caso contrario es el de las de semblanza y personaje, donde lo que percibe el periodista es casi tan importante como lo que expresa el entrevistado.

Con respecto a las declaraciones del personaje, el periodista puede tomarse ciertas libertades en la transcripción siempre y cuando contribuyan a corregir errores gramaticales propios de la oralidad. Lo que no puede suceder bajo ningún punto de vista, dado su carácter anti-ético y anti-profesional, es que el escritor cambie el sentido de la frase para hacerle decir al entrevistado algo que nunca tuvo intención de expresar.

Más allá de estas recomendaciones y reglas básicas, escribir una buena entrevista sólo se logrará a partir de acumular experiencia y de forjar un estilo propio.

Artículo basado en los capítulos 1, 3 y 4 del libro “Manual de la Entrevista Periodística” de Juan Cantavella.

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