El arte del vínculo


El periodista argentino Jorge Halperín distingue entre seis variantes de entrevista: de personaje, de declaraciones, de divulgación, informativas, testimoniales y de encuestas.

por Gisela Sabatini @giselasabatini

El periodista argentino Jorge Halperín escribe en “Intimidades de la Conversación Pública” que se puede distinguir los tipos de entrevistas en sus grandes variantes según lo que busca el periodista y según el grado de presencia del entrevistado, desde la forma más personalizada hasta el anonimato: de personaje, de declaraciones (consultas e interpelaciones al poder, a políticos, economistas o funcionarios públicos o privados), de divulgación, informativas, testimoniales, encuestas.

En todos los tipos de entrevistas hay un juego de confrontación, pero este juego alcanza su punto máximo en las entrevistas de personaje y las de declaraciones. En las primeras se da un abordaje a la intimidad del entrevistado, a su manera de pensar, a sus razones ocultas, sus debilidades, sus obsesiones y contradicciones. Pero tanto en las de personaje como en las de declaraciones, el diálogo busca no sólo la cooperación del sujeto -como sucede en las encuestas, las entrevistas informativas, de divulgación y las testimoniales-, sino que también debe avanzar en contra de él. Es decir, en aquello que el entrevistado no muestra voluntariamente o, incluso, desea ocultar.

En general, el periodista y el entrevistado tienen intereses distintos y, a veces, muy poco convergentes. Por eso, la construcción del diálogo se vuelve un trabajo elevadamente artesanal. Por la compleja estrategia y la delicada sensibilidad que demanda durante el encuentro mismo, y por la enorme importancia que tienen el antes y el después: la cuidadosa preparación de la entrevista y la tarea crucial de editarla.

El primer paso del “antes” reside en la elección del entrevistado, que puede estar en manos del periodista o venir ya determinada por el editor. En cualquiera de las dos formas el entrevistador debe actuar como si él lo hubiera elegido, y ser consciente de por qué prefirió a ese sujeto. A continuación, Halperín da algunas razones para elegir al entrevistado: Porque es un personaje famoso, un personaje curioso, es muy representativo de algo, es clave en una circunstancia, está ligado a una noticia, es portador de un saber muy valioso, o por el valor de sus ideas.

El periodista debe ser perfectamente consciente de las razones por las que ha sido elegido su entrevistado y, muy especialmente, de lo que espera lograr con esa conversación: conseguir que haga una revelación inédita, llevarlo a formular una importante denuncia, mostrar un ángulo desconocido del personaje, lograr que el sujeto profundice en algo que ha llamado la atención de la gente, producir con él una exposición fascinante sobre un tema de interés público, obtener un retrato completo de su personalidad, exponerlo como un caso testigo.

El primer problema es definir qué es una buena pregunta. No existe una clasificación universal, pero entre las virtudes que puede tener una buena pregunta se cuentan el que sea clara; que provoque información; que se haga cargo de una demanda colectiva o que exprese las dudas de la gente si se trata de un personaje público; que sea abierta; que permita profundizar; que consiga explicaciones; que dé lugar a oposiciones; que busque lo nuevo; que invite al personaje a usar imágenes y fantasías; que seleccione lo importante; que piense en lo global y en los detalles; que atraiga anécdotas.

Las preguntas son portadoras de conjeturas, hipótesis, inquietudes y perspectivas del mundo. Cuanto más ricas sean las hipótesis que llevamos ante el personaje, más impresionados estaremos de descubrir cosas que no había expresado en otras entrevistas. Las preguntas pueden agruparse en bloques de temas. Los objetivos de una entrevista pueden girar alrededor de un asunto central, pero suelen traer más de un tema. La entrevista es, entonces, el arte del vínculo.

Artículo basado en los capítulos 1, 2, 3 y 9 del libro “La entrevista periodística. Intimidades de la conversación pública” de Jorge Halperín.

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