El fracaso de un imperio


El empresario David Graiver murió en 1976 durante un dudoso accidente aéreo. El banquero manejó fondos millonarios de Montoneros. ¿Cómo hizo Graiver para situarse al frente de un imperio de 200 millones de dólares?

por Candela Paez @candelaunlp

El libro “Graiver. El banquero de los montoneros” presenta una hipótesis de asesinato sobre la muerte del banquero David Graiver, ex accionista de papel prensa, empresario y dueño de bancos en Bélgica, Estados Unidos y Argentina.

Tras acumular una fortuna durante la dictadura del General Alejandro Lanusse, David “Dudi” Graiver buscó expandir su imperio fuera de las fronteras locales y comenzó a tramitar la compra del American Bank and Trust (ABT), estancada ante la congelación de la visa permamente para residir en los Estados Unidos luego de que abandonara Argentina huyendo de las amenazas de la Triple A, puesto que figuraba en las listas de futuros blancos de esta alianza.

Sin duda alguna, para poder acceder a la compra del ABT Graiver debería tramitar la residencia, sin embargo, los bienes que poseía en el país norteamericano no le alcanzaban para acceder a ella.

Paraconcretar esta compra Graiver impusó la transferencia de dos millones de dólares desde la BAS de Bélgica, haciendo uso del sistema de “présamos recíprocos” que ligaba a los dos bancos. Sin embargo, la rama financiera del FBI realizó una inspección y detectó un exceso de concentración de créditos a Graiver, por lo cual comenzaron a investigarlo. Esto no favorecía a Graiver, quien, en ese momento, violaba el compromiso escrito de no autootorgarse prestamos hasta que se le autorizara la compra definitiva del banco.

Para poder salir del paso Graiver tuvo que dar en garantía todos sus bienes. Mientras tanto, comenzaba una inspección de sus cuentas por parte del FBI que más tarde se trasladaría a manos de la CIA, quien estaba en desacuerdo con la inversión de Graiver en el país a causa de un comunicado que llegó a las manos del representante de este organismo en Argentina por parte del Servicio de Inteligencia del Ejército Aergentino: la incursión bancaria de Graiver en los Estados Unidos era posible gracias a una suma millonaria en dólares proveniente de los secuestros extorsivos realizados por la guerrilla.

Aquí entra en juego la hipótesis del libro, que plantea que, ante la imposibilidad de bloquear legalmente el acceso de Graiver a las acciones en su país, la CIA decidió ejecutarlo fuera de los Estados Unidos.

Los Montoneros habían planeado el secuestro de los empresarios Jorge y Juan Carlos Born empresarios multimillonarios del sector agrícola, mediante la operación “Mellizas”, encabezada por el oficial superior Roberto Quieto. Mediante este secuestro se determinaría el futuro financiero de Montoneros, puesto que se negociaría un trueque de 61 millones de dólares.

Los hermanos multimillonarios fueron investigados por la agrupación guerrillera, quien armó un plan para abordarlos en la vía pública. Disfrazados como operarios de ENTEL los llamados “subversivos” desviaron los vehículos en los que transitaban los empresarios, los chocaron de atrás con una camioneta y siete guerrilleros los abordaron, lográndo una operación exitosa.

Una vez pactada la entrega con el padre de los secuestrados, el Jefe de Finanzas de Montoneros y y un integrante del Sevicio Internacional de la misma agrupación guerrillera viajaron a España para aguardar el cobro de la millonaria suma que se efectivisó en un estacionamiento público de Ginebra, donde se transpasaron al auto de los montoneros tres valijas con la suma estipulada.

Durante una cena con Graiver, Roberto Quieto le había concedido al banquero una inversión de 14 millones desprendidos de la operación “Mellizas”. Una suma que Graiver aceptó a cambio de un interés del 9,5 % anual y una devolución renovable anualmente. El trato estaba cerrado, ahora sólo quedaba blanquear el dinero, un trámite que estaría a cargo de Graiver.

Para ello el “Banquero de los Montoneros” contaba con la ayuda de estados independientes, sin desarrollo legal y faltos de convenios para fiscalizar los capitales extranjeros. Fue así que, tras verificar que los billetes no estaban denunciados en el circuito bancario, los 14 millones fueron depositados en diferentes cuentas abiertas por los montoneros del Continental Trade Bank de Ginebra bajo identificaciones falsas. Desde esas cuentas, con el dinero ya blanqueado, deberían transferirse a las cuentas de Graiver en Bruselas.

Sin embargo, Graiver anuló la transferencia a Bélgica y derivó los fondos para transportarlos en efectivo al ABT. Cabe destacar aquí que, Graiver fue cauteloso para que las documentaciones no lo implicaran en las transacciones.

Toda había salido perfecto para Graiver, sin embargo, el banquero no contaba con que los militares marcaran a Ramón Neziba, un “correo” montonero que cobraba los intereses mensuales de la inversión de la operación “Mellizas”. Este guerrillero fue secuestrado y torturado y, ante el sufrimiento, contó todo lo que sabía sobre las inversiones.

Fue entonces que este hecho llegó a oídos de la CIA y comenzó el seguimiento de Graiver para eleminarlo.

Los agentes de la CIA detectaron que, a causa de sus ocupaciones, casi todos los viernes Graiver perdía el último vuelo para ir desde Nueva York, donde atendía sus negocios a México, donde tenía su domicilio legal y habitaba con su mujer Lidia Papaleo y su hija María Sol, quienes estaban de vacaciones en Acapulco.

El viernes 6 de agosto de 1976, no fue diferente a otros viernes y, ante la pérdida del último vuelo, Graiver pidió que su secretaria reservara un jet privado en la empresa Hansa que fuera comandado por los pilotos Mike Bann y Kev Barnes, ambos veteranos de Vietnam.

El plan de vuelo contemplaba una sola escala en Nueva Orleans y había sido aceptado por la Fly Information Office del aeropuerto. Sin embargo, al momento del despegue, les cambiaron la pista de salida, por lo cual se gastó más del combustible esperado. Con los tanques al 90% no les bastaba para llegar a Nueva Orleans, por lo que, decidieron despegar y cambiar el plan de vuelo desde el aire. Este cambio, los atrasaría, por lo cual no llegarían a Acapulco hasta las 2y40 de la madrugada. Todo estaba planeado, la catástrofe debía ser encubierta por la apariencia de un aterrizaje desafortunado.

Los pilotos obtuvieron el permiso para el nuevo plan de vuelo y recargaron los galones de combustibles en el aeropuerto de Menphis, sin embargo, allí no quedó ascentado el nuevo plan.

Setenta y cuatro minutos después, aterrizaban en el aeropuerto Hobby de Houston, donde los hicieron bajar del avión para realizar un test al motor a causa de que habían pasado 50 horas de vuelo sin verificarlo. Lo extraño, es que ellos sólo habían recorrido 2.355 kilómetros; un equivalente a tres horas de vuelo.

Los supuestos mecánicos, abordaron el avión suplantaron los altímetros del jet por dos con unos botones de acero en la cara opuesta a la esfera que quedaba a la vista de los pilotos. Esto aportaría a que, cuando el avión pasara los 14 mil pies de altura, el primer botón entraría en acción e impediría que las agujas bajaran de ese nivel por más que el avión descendiera de esa cifra. En una hora y media más, el segundo botón se activaría y encendería 2 miligramos de explosivo plástico concentrado. Era determinante que la CIA destruyera su propia tecnología, que podría llegar a ser reconocida por otros orgaismos.

El avión, en el estado de Guerrero, quedó encerrado entre las montañas y las nuebes, sin los altímetros funcionando correctamente, a los pilotos les fue imposible maniobrar con éxito, pues subir el avión a esa velocidad en dirección a cielo abierto implicaba encontrar a oscuras una salida entre los cerros que estaban a la derecha e izquierda.
Las huellas de su impacto aventarían las sospechas de una explosión en vuelo. Los aviones que estallan en el aire disparcen los restos en varios kilómetros a la redonda y los despojos humanos de sus ocupantes no se queman; un dato que nunca pasa inadvertido para los técnicos de las compañías de seguros.

Tras el “accidente”, dos altímetros aparecieron entre los escombros marcando 9 mil pies, como prueba de que el avión volaba a a una altura de 2.700 metros, en una zona donde, volar a esa altura es un suicidio. Cabe destacar aquí, que la caja negra del Jet había desaparecido.

Los rastreos fueron encomendados a un general del ejército, que se desplazó en un helicóptero que, nadie sabe porqué, fue facilitado por la embajada norteamericana.
Cuando hallaron los tres cuerpos calcinados, descubrieron que la cabeza de Graiver había sido arrancada del cuerpo para sembrar dudas sobre su presencia en el accidente. Deinitivamente la CIA sabía cómo despitar a la opinión pública y, comenzó a rodar la versión de que en el avión iban nueve personas y no tres. También se dijo que Graiver había aprovechado la escala en Houstonpara evaporarse.

Los restos de David Graiver, reconocidos por su hermano Isidoro, fueron cremados. A pesar de que este procedimiento iba en contra de las costumbres judías de su familia, consideraron que era el procedimiento más correcto, puesto que si se ponía e duda su muerte la sucesión de bienes se estancaría.

Sin Graiver, las acciones quedaro a la deriba, ahora tenían que buscar alguien que tomara el timón. La viuda Lidia Papaleo; Jorge Rubinstein,  mano derecha de Graiver y Alberto Naón, que manejaba las cuentas en el exterior comenzaron a disputarse el puesto de capitán. Pero el lugar tan deseado, ocupado finalmente por Jorge Rubinstein, traería complicaciones, pues el cheque por dos millones de dólares que Graiver había hecho depositar para respaldar su compra del ABT estaba si fondos y causó estragos. David era el único que conocía los negocios de sus bancos y había pasado por alto que la solidez económica no tiene un correlato inmediato en cuanto a liquidez financiera , y el endeudamiento de sus bancos que hacen uso de sus depósitos de sus cuentacorrentistas y los otorgan como créditos, es manejable sólo hasta cierto punto.

Los herederos del imperio pidieron tiempo, pero la muerte de Graiver provocó rápidamente el desplome de los bancos. El ABT y CNB en Nueva York se desfondaron en septiembre de 1976, constituyendo entonces la cuarta quiebra bancaria en la historia de los Estados Unidos. La BAS en Bruselas también se desmoronó ese mismo mes. Los bancos argentinos y el de Israel se vendieron para cubrir deudas. La multinacional valuada en 200 millones de dólares se derrumbó.

Ante estos hechos salió a la luz el desvío de fondos que Graiver había ocasionado en el mercado financiero internacional para nutrir de capitales a sus empresas en Argentina, especialmente Papel Prensa, un proyecto cuyo objetivo fuera monopolizar la fabricación de papel en el país.

Tras el accidente, la familia Graiver volvió a la Argentina, donde los militares habían dado un golpe de estado el 24 de marzo de 1976. Al derribarse el imperio Graiver, las Fuerzas Armadas fijaron su objetivo sobre los bienes del difunto banquero, expropiándolos con el pretexto de que allí estaban los fondos de los “subversivos” montoneros.
La viuda trató de negociar con el presidente y dictador Videla, pero sólo los llevó a la detención, mediante la cual los torturaron y luego el Ejército resolvió someterlos a la justicia militar.

La vuelta a la democracia en 1983 permitió a los herederos de Graiver apelar las sentencias de los Militares y reclamar los bienes que les fueron usurpados puesto que no existían pruebas materiales de la inversión de la guerrilla montonera en el grupo Graiver.

El gobierno presidido por Raúl Alfonsín los puso en libertad y los indemnizó con 84 millones de dólares, devolviéndoles decenas de propiedades. Los Graiver mantuvieron sus declaraciones formuladas con anterioridad ante los jueces militares, en el sentido que la inversión de los Montoneros era un asunto particular de David Graiver, y que ellos eran extranjeros, por lo cual no podía pedírseles rendiciones de cuentas.

Los herederos de David se comprometieron ante la justicia democrática a reinvertir en la Argentina el dinero que cobraron de la indemnización, pero no lo hicieron. Mientras que Lidia Papaleo permaneció en Buenos Aires, el padre y el hermano de David se domiciliaron en Madrid. Invirtieron una fracción de la fortuna en España y depositaron el resto en cuentas suizas de Ginebra.

Más tarde, un subordinado de Mario Firmenich, jefe de los Montoneros y preso en Buenos Aires desde 1984, condenado a 30 años de cárcel en 1987 por la autoría mediata del secuestro de los hermanos Born, visitó un banco en Ginebra para retirar una gran cantidad de dólares. Este dato indujo a pensar que la inversión de 17 millones de dólares de la guerrilla peronista fue restituida a los sobrevivientes de la jefatura montonera. Mario Firmenich se benefició de un indulto dictado por el presidente Carlos Menem en 1990 y Jorge Born colaboró con el gobierno peronista de la restauración democrática. La justicia auspició un arreglo entre los Graiver y los Born, para que estos últimos recibieran una parte proporcional de la indemnización pagada por el Estado.

El autor

Juan Gasparini (Azul, Argentina, 30 de abril de 1949) reside en Ginebra desde 1980, donde colabora periodísticamente con diversos medios latinoamericanos. Es autor en la Argentina de La pista suiza (1986), Montoneros, final de cuentas (1988), La injusticia federal (2005), La fuga del Brujo – Historia criminal de José López Rega (2005), Manuscrito de un desaparecido en la ESMA – El libro de Jorge Caffatti (2006), El crimen de Graiver (1990, reeditado en 2007 bajo el titulo de David Graiver El banquero de los Montoneros) y El pacto Menem Kirchner (2009). En España ha publicado Roldán-Paesa, la conexión suiza (1997), Borges: la posesión póstuma (2000, traducida al francés por Éditions Timéli) y Mujeres de dictadores (2002), estos dos últimos distribuidos también en América Latina. Es coautor, con Norberto Bermúdez, de El testigo secreto (1999) y La prueba (2001), y con Rodrigo de Castro de La delgada línea blanca (2000), que obtuvo el Premio Rodolfo Walsh de Literatura de no ficción 2001 en la Semana Negra de Gijón, España. En 1985 se diplomó en periodismo en la Universidad de Friburgo y en 1988 se doctoró en sociología en la Universidad de Ginebra. Es integrante de la Organización No Gubernamental (ONG), “Nuevos Derechos del Hombre” (NDH), acreditada ante Naciones Unidas. En el 2007 recibió el premio de prensa escrita Nicolas Bouvier, discernido por el Club Suizo de Prensa, por sus investigaciones sobre derechos humanos para el portal periodístico de Internet Human Rights.

El artículo forma parte de los parciales que propone el Taller, que tienen por objetivo analizar obras de investigación realizadas por periodistas.

Más información

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