La lucha por el acceso a la información


En el libro Técnicas de Investigación de Daniel Santoro se observan las prácticas, herramientas y estrategias que pueden utilizar los periodistas. En el apéndice se analizan las grandes investigaciones realizadas en América Latina.

por Santiago Sturla @sjsturla

El brasileño Marcelo Baraba trabajó en el campo de la investigación durante 30 años como reportero y director de trabajos periodísticos en O Globo, Jornal do Brasil y Folha de Sao Paulo. Además dirige la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación. El autor recomienda realizar un plan de trabajo antes de comenzar la investigación para no perderse. Debe incluir la consulta a todas las fuentes posibles que tengan alguna jerarquía y orienten la investigación con entrevistas y búsqueda de documentación. El plan de trabajo puede ser alterado cuantas veces sea necesario, ya que no es un camino lineal. Se debe establecer una relación de confianza mutua entre las fuentes de información, pero sin dependencia de ninguna clase.

A finales de 1970 Brasil vivía bajo el régimen militar del general Joao Figueiredo. En Baixada Fluminense operaban escuadrones de la muerte, formado por policías y ex policías pagados por los comerciantes o por el crimen organizado. Estos grupos mataban y atribuían sus acciones a Mano Blanca; un justiciero al que nadie conocía y que se supo después, que nunca existió. El periodista, junto con Telmo Wambier, comenzó a realzar el perfil de los muertos, en que lugares fueron asesinados, para saber quiénes eran asesinados y por qué: el objetivo era saber si Mano Blanca realmente mataba a bandidos y traficantes o si mataba persona sin relación con el crimen.

Fue un trabajo de reportaje muy difícil, producto de no manejas los programas informáticos para realizar el cruce de datos, en base a las declaraciones y documentos. Eligieron el municipio donde hubo más muertos en Nova Iguacu, leyendo todos los informes policiales y dividiendo por ítems los nombres del muerto, la localización del cuerpo, su trabajo, circunstancia de la muerte, etc. El relevamiento demostró que la mayoría de los muertos no eran bandidos sino trabajadores de barrios distantes. Se observo que el trabajo de la policía era precario e incompleto.

En 1996, analizó con Renato Faguendes y Wilson Aguino, las muertes de civiles en enfrentamientos con la policía de Río. El gobierno estimulaba a los policías, ya que recibían una recompensa económica por actos de “coraje”, llamado “Gratificación Far West”. Por causa de esta política, el grupo de civiles muertes aumentaba mucho. Revisaron los registros de las 37 delegaciones policiales de la ciudad de Río entre enero de 1995 y febrero de 1996. Los periodistas tuvieron dificultades en el acceso a la información y además tuvieron que escribir a puño y letra todos los registros criminales, pasarlos a una planilla y hacer los cruces. A partir de noviembre, con la recompensa económica, los números no paraban de crecer. El gobierno debió cambiar su estrategia de seguridad producto de está investigación.

Además investigó irregularidades y denuncias de fraudes en el proceso electoral electrónica de 1982 en Río, varios casos de terrorismo de derecha en la misma ciudad, el descubrimiento de las cuentas secretas que usaban el gobernador de Alagoas, Fernando Collor de Mello, para gastos personales y alternativos y la existencia de cuentas ocultas que financiaban un programa nuclear en la sierra de Cachimbo.

Algunas recomendaciones

El periodista debe tener mucha curiosidad y aprender a combinar dosis de ímpetu, de paciencia, de intuición y de disciplina. Como la disciplina es una técnica, siempre es posible perfeccionarse. Los mejores reporteros investigativos son aquellos maduros, con 12 ó 15 años de profesión. Ante una eventual amenaza, hay que tomarlo con medidas de seguridad inmediatas, por ejemplo, al entrar a una fabela no se puede contar sin el conocimiento del director, los autos deben estar identificados con un logo del diario, deben llevar chaleco a prueba de balas. Ya que las fuentes son el principal camino de la investigación, deben ser cultivadas y trabajadas, teniendo siempre las mejores, por ser más calificada, la más informada o las más técnicas. No se debe quebrar el off the record, salvo que esa fuente brinde información errónea o si esa información puede perjudicar a alguien o alguna empresa.

Aunque la Constitución de Brasil garantiza el acceso directo a la información publica, las autoridades federales, estatales y municipales dificultan mucho la obtención de datos y documentos porque no existe una legislación especifica como la FOIA de los Estados Unidos. Periodistas de grandes ciudades tienen dificultades en trabajar en favelas o áreas pobres dominadas por el narcotráfico en casi todos los países de America Latina. La Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación fue formada en diciembre del 2002 para enfrentar estos problemas: mejorar la profesión, actuar en defensa en áreas de riesgo y participar en todos los movimientos sociales por el acceso directo a la información pública.

La investigación del caso Cabezas

Gabriel Michi es periodista y docente. Investigó a investigar al empresario Alfredo Yabrán, como desafió personal por el asesinato del fotoperiodista José Luis Cabezas el 25 de enero de 1997 en Pinamar. Quería realizar sus aportes de información a la justicia para esclarecer el caso. La primera regla de todo periodista es chequear la información para que el trabajo se ajuste a la verdad.

Había testigos directos de los trabajos que Cabezas había realizado y tenía acceso al expediente judicial por ser parte interesada en la causa. En varias ocasiones se decidió no publicar una primicia, hasta que la justicia no actuase.

Yabrán era uno de los hombres más poderosos de la Argentina, con estrechas vinculaciones con todos los gobiernos dictatoriales y democráticos, en particular con el de ese momento, Carlos Saúl Menem. En 1995 el ministro de economía Domingo Cavallo denunció a Yabrán como “el jefe de la mafia”, con una fortuna de 4 millones de dólares. Esa denuncia le valió su expulsión del gobierno de Menem. Además tenía un agregado especial: la cara del empresario era una incógnita. Mucho tiempo antes del crimen Yabrán había dicho “ni siquiera los servicios de inteligencia tienen una foto mía, sacarme una foto a mí es como pegarme un tiro en la cabeza”.

Quién saco a la luz su rostro fue, precisamente, José Luis Cabezas. Estaba en traje de baño caminando de la mano de su mujer en las playas de Pinamar. Fue tapa de la revista Noticias del 3 de marzo de 1996. Diez meses después fue secuestrado, torturado y quemado dentro del vehículo, en una cava en pleno campo a 11 km del balneario. Además tenía dos tiros en la cabeza. El expediente puso en evidencia los contactos de Yabrán con el poder político, con el poder judicial, con la policía y con sus ejércitos privados. Quedaron evidenciados los contactos entre los principales sospechosos del homicidio, por el cruce del Excalibur, un sistema informático que sirve para cruzar datos, en este caso de las empresas telefónicas. Ellos eran los oficiales Gustavo Prellezo, Sergio Cammarata y Aníbal Luna, además del comisario de Pinamar, Alberto Gómez.

Averiguaron en forma extra oficial la empresa de telefonía del celular sospechoso de Prellezo. Ese celular pertenecía a la compañía Bridees, empresa de seguridad que proveía servicios a Yabrán, cuyos principales referentes eran ex represores de la Escuela de Mecánica de la Armada durante la dictadura militar. Ese celular estaba a nombre de Gregorio Ríos, jefe de la custodia doméstica de Yabrán, hoy preso y condenado a prisión perpetúa por haber sido el instigador del asesinato.

El periodista trazó una radiografía de lo que había sucedido en los días previos al asesinato, en el momento mismo y luego de ocurrido. Hizo una cronología de los llamados, con el día, duración, lugar de localización del celular, número de origen, número de destino, titulares de la línea y dirección. Agregó las declaraciones de los imputados y de los testigos de la causa. El mapa sirvió para poner en evidencia las mentiras de los implicados y desbaratar sus argumentaciones.

En el verano de 1997 el objetivo máximo era conseguir una entrevista con Yabrán, pasando una y otra vez por la cada del empresario. Allí había un auto con actitud de custodio. El periodista tomo nota de la patente identificatoria (avr 650), Volkswagen blanco con vidrio polarizados. Pidieron al Registro Automotor, a través de un escribano, los datos de ese vehiculo. La titular era una mujer llamada Beatriz Domeneghini y figuraba un teléfono. Un colega la llamo y aseguró que ni ella si vehículo habían estado en Pinamar. Luego encontró un teléfono celular que se había comunicado con Ríos y estaba a nombre de Beatriz Domeneghini Llamaron al número y una mujer dijo que el auto pudo haberlo prestado a su marido, Omar Cabral, veterano de la guerra de Malvinas. Muchos custodios de Yabrán eran ex militares que combatieron en Malvinas, exonerados de las fuerzas por problemas psiquiátricos. Llamaron a Cabral preguntándole si su auto estuvo en Pinamar en el verano, enojado dijo que era algo privado. Cabral era un supuesto empleado de Bridees, custodio de Yabrán durante el verano. Recogieron todo el material y lo llevaron a la justicia. Pocos días después de la declaración judicial de la mujer, aceptó un encuentro off the record y allí dio un listado con todos los nombres, seudónimos, teléfonos celulares y particulares de los custodios. Además les brindo un radiograma de los objetivos que debían controlar las 30 personas que custodiaban a los Yabrán y que estaban bajo el mando de Gregorio Ríos. Además había claves alfanuméricas que identificaban como objetivo de alterna a los periodistas. Cumplían el doble objetivo de cubrirlo de posibles secuestros y protegerlos de los periodistas. Había una “escuelita” donde debían aprender lo que debían responderle a la justicia para no contradecirse, para armar una declaración única. Todos obedecían a Víctor Dinamarca, ex represor que estuvo al frente de Bridees y presunto jefe de todo el ejercito privado de Yabrán.

Ella confesó todo porque le dolía lo que le había pasado a Cabezas y porque su marido la había golpeado, atado y amenazado con prender fuego la casa. Aquí aparecen las “viudas del poder” como dice Santoro. La convencieron de incluirla en la causa judicial como testigo encubierta, pero no pudo hacerlo porque ya había testimoniado antes, pero aceptó hacer un reportaje grabado para llevarlo a una escribanía.

Se comprobó que hubo diez custodios, contra los cuatro que antes se habían reconocido. Hubo amenazas de muerte, seguimientos, intimidaciones, presiones, operaciones de prensa y difamaciones. Quienes debían ser investigados querellaban a los periodistas y perseguían a los testigos que los implicaban. Al llegar al juicio oral, se condenó a prisión perpetua a ocho acusados.

Cabezas fue asesinado por su trabajo periodístico, de eso vivía y por eso lo mataron. Fue necesario combinar la profesión con la cuestión humana, esperando a que un dato fuera manejado por la justicia, como corresponde, en lugar de publicarlo y tener la primicia, para que luego algún sospechoso se escape. Por ello es imprescindible chequear la información y cruzarla con rigor.

Artículo basado en el apéndice del libro “Técnicas de Investigación. Métodos Desarrollados en Diarios y Revistas de América Latina” de Daniel Santoro.

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