Tierras nuestras, tierras de otros


Sin darnos cuenta, el 10% del territorio nacional está en manos de empresarios extranjeros. La falta de legislación sobre la concentración de tierras para corporaciones del exterior y nacionales deja al descubierto una problemática que pone en jaque los años que vendrán. “Tierras S. A”, de  Andrés Klipphan y Daniel Enz, refleja la agónica pérdida del tesoro más preciado del país: el suelo argentino.

por Laura Claverie y Lucas Segui

“Tenemos tierra en exceso”. Ese fue el lema del ex presidente Menem durante los años 90, invitando a corporaciones extranjeras y a particulares a invertir en el país. Fue durante esa época de expansión, privatización y del dólar 1 a 1 cuando la mayor parte de empresarios extranjeros y sociedades anónimas recayeron en suelo argentino comenzando a invertir en diferentes zonas del país. La Patagonia comenzó a ser la piedra preciosa y hacia allí fueron empresarios como Douglas Tompkins, Tud Turner, Luciano Benetton y otros tantos a comprar grandes estancias que superaban las miles de hectáreas. Durante este período el proceso de concentración de tierras en pocas manos llegó a su cúspide máxima. Pero lo que preocupa de todo esto es que ese proceso nunca bajó de esa cima, ya que el nuevo siglo y los años que le siguieron permitieron que la adquisición de terrenos sea mayor.

Después de 3 años de recorrer los caminos del país, entrevistando a centenares de personas y accediendo a múltiples documentos, Andrés Klipphan y Daniel Enz ponen al descubierto, en el año 2006 a través de “Tierras S. A”, esta silenciosa problemática que sufre nuestro país. Este libro evidencia la concentración desmesurada de tierras en manos de empresarios argentinos y extranjeros, quienes adquieren en su mayoría zonas claves de producción y lugares estratégicos cercanos a fronteras, ríos y lagos.

Además, refleja que se han beneficiado con la actitud flexible de los diferentes gobiernos nacionales y provinciales para adquirir millones de hectáreas y de recursos no renovables, ya que hasta el momento de la publicación del libro no había una legislación o restricción que impidiera la compra indiscriminada de campos. Justamente, los 38 proyectos que regulan el control y la limitación de estas compras están “cajoneados” en las Cámaras de Diputados y Senadores de la Nación y en 8 legislaturas provinciales.

Si tuviésemos que definir si este libro responde a los fundamentos del Periodismo de Investigación, determinaríamos dos cuestiones fundamentales. Por un lado, no hemos observado que los protagonistas que se nombran en el libro estén infringiendo alguna normativa, porque no hay ninguna que esté destinada a controlar las adquisiciones de terrenos. Por otro lado, si bien la mayoría de los autores, tales como Faundes, Rodríguez y Torre -entre otros-, hablan de un periodismo de investigación que tiene que develar algo oculto, consideramos que esta investigación no responde a esos lineamientos. Los aportes testimoniales y los diferentes documentos a los cuales los autores tuvieron acceso permitieron contextualizar y conocer cada caso, pero no responde a una investigación que devele algo que haya sido ocultado por alguien o por varios. El tema había sido abordado años atrás por los medios de comunicación, legisladores y grupos ambientalistas.

El trabajo realizado por los autores puede catalogarse como “investigación periodística” ya que se profundizó en la concentración de tierras desde diferentes casos particulares como el de Douglas Tompkins, la familia Benetton, Ted Tudner y los empresarios argentinos como Capozzolo, Yabrán y Eurnekian, entre otros. Además, se ahondó en regiones del país donde la problemática fue mayor, como la Patagonia, Buenos Aires, Santa Fe, Santiago del Estero, entre otras que también se mencionan. Vale aclarar que esta investigación no solamente abordó esta concentración en pocas manos sino que además mostró otros problemas, como el modo de vida de los trabajadores tabacaleros en las provincias de Misiones y Corrientes y las muertes dudosas de operarios, que reflejaron el nivel de impunidad con el que las empresas explotan el medioambiente.

En términos de Gerardo Reyes, dentro del periodismo de investigación este trabajo podría considerarse como periodismo de “profundidad”. Si bien los autores abordan el tema con una mirada menos detectivesca, las conductas impropias que se relatan en el libro son un elemento más de una profundización hacia el objeto (concentración de tierras). Si bien se buscó quiénes han sido o son los dueños de las tierras, los autores analizaron porqué sucede esta problemática. Más bien se intentó plasmar una realidad que sufre nuestro país desde hace un siglo. Primero, con la conquista del desierto y los terratenientes que se quedaban con las nuevas tierras conquistas, también con la huella del plan económico iniciado por la dictadura militar, luego con la profundización de esa política durante el menemismo (época donde ponen mas foco y atención) y la secuela nunca frenada por los gobiernos que le siguieron (De la Rua – Néstor Kirchner) que provocaron -según los autores- una “reforma agraria al revés”, al privatizar inmensas zonas del país.

Durante los tres años de investigación profunda y detallada que siguieron los autores, se destaca la innumerable cantidad de fuentes consultadas, tanto personales como documentos. En términos del periodista Daniel Santoro, la atribución de una gran cantidad de fuentes permitió que se pudiera reflejar hasta el más mínimo detalle en cada problemática narrada en el libro, dándole a conocer al lector el origen de cada información, desde la consulta en las oficinas de Catastro al relato, con nombre y apellido, de los campesinos santiagueños despojados de sus tierras. Muchos de los testimonios que se fueron recolectando durante el proceso de investigación sirvieron para contextualizar, más bien anecdóticamente, diferentes hechos. Tal es el caso de la familia Quiroz, en Santiago del Estero, quienes sufrieron el desalojo de sus propiedades en manos de un diputado provincial. Acudieron además a entidades como la Federación Agraria Argentina, ministerios nacionales y provinciales que les aportaron información y fuentes reservadas. Este último punto es importante de destacar ya que fueron fundamentales los testimonios de campesinos y aborígenes que pidieron no ser nombrados, como también un alto funcionario del Ministerio del Interior, quien les dijo que “entre 2002 y 2006 habían recibido 2.358 pedidos extranjeros para invertir en zonas de seguridad, cercanas a fronteras y recursos naturales”.

La documentación recopilada por Klipphan y Enz aporta muchos datos que plasman la problemática aún más: “un terreno con una superficie 4.500 veces mayor que la ciudad de Buenos Aires está en manos de un europeo”; “hasta septiembre de 2006, unos 40,5 millones de hectáreas correspondientes a las mejores tierras cultivables del país estaban en venta o en proceso de ser vendidas”; o aquellas estadísticas que indican que “se le quitaron 270 mil kilómetros cuadrados de zonas esenciales y estratégicas para el desarrollo colectivo”.

En palabras de Caminos Marcet, la información que se detalló en esta investigación fue específica en cada caso, aportando la cantidad de propiedades que cada involucrado tenía, los negocios que fueron llevando a cabo y las vinculaciones que se fueron sucediendo; y analítica, porque plasmaron la problemática desde un análisis de la realidad, aportando su opinión sobre los hechos. Por último, requirió un tiempo de trabajo de tres años que terminó en la publicación del libro y 12 meses que le llevó al equipo de investigación la redacción, corroboración de datos y la edición del libro.

Este problema y sus correspondientes consecuencias en la sociedad que aborda la publicación, más precisamente en los afectados directos como los campesinos de Chaco y Santiago del Estero y las comunidades mapuches en la Patagonia, están incluidos en el desarrollo participativo y sustentable centrado en el bienestar de las mayorías y el respeto por la naturaleza, uno de los criterios de acción social de la ética profesional que plantea Juan Jorge Faundes. Se transgredió el desarrollo participativo ya que al no existir restricciones en las compras de tierras, empresarios y sociedades anónimas con alto poder económico adquirieron terrenos desmesuradamente en desventaja con pequeños campesinos. Esto queda reflejado en la situación que se narra en el capítulo 7 referido a Santiago del Estero, donde a un agricultor de la zona del Impenetrable debe esperar diez años para que le entreguen los títulos de propiedad y un aborigen alrededor de cuarenta. Sin embargo, los “nuevos” dueños de las tierras en el Impenetrable los obtienen en no más de ocho meses. A esto se le suman los desalojos y las políticas que llevan los Estados provinciales con respecto a la venta de tierras, ya que le venden a particulares miles de hectáreas a precios mínimos (parcelas cercanas a los 0.54 centavos) y estos luego las revenden a empresas y sociedades anónimas de orígenes inciertos, a miles de dólares o cifras millonarias. Además, muchos de los empresarios y sociedades anónimas compran zonas con una gran variedad de recursos naturales, como es el caso que Douglas Tompkins en los Esteros del Iberá o Joseph Lewis en lago Escondido, quienes se adueñan de lugares públicos transformándolos en propiedad privada. El primero compró miles de hectáreas dentro de los Esteros del Iberá, alambrando zonas que son de acceso público y cerrando caminos por los cuales los pobladores se trasladan. El segundo, al comprar una estancia cercana a lago escondido en Chubut, cercó una de las entradas al lago prohibiendo el acceso al mismo.
Con respecto a los recursos naturales, dentro de las zonas de seguridad, principalmente en la cordillera (áreas que comprenden 150 kilómetros de las fronteras y 50 kilómetros de la costa) hay 75 explotaciones mineras y el 90% está en manos extranjeras. En provincias como La Rioja, Jujuy y Catamarca se han instalado las mayores empresas del mundo en materia de explotación minera relacionadas al oro y la plata. Como se plantea en el libro, para los gobernantes fue visto como una fuerte inversión pero para los vecinos y grupos ecológicos significa un verdadero peligro, debido a la utilización de productos químicos en los sistemas de extracción que contaminan de manera irreversible ríos, napas acuíferas, suelos y desencadenarían enfermedades mortales.

Asimismo, el boom del negocio de la soja llevó a muchos empresarios que adquirieron campos en la Mesopotamia argentina a la deforestación de selvas enteras para extraer la madera de los árboles para diferentes usos y para el sembrado de soja.

Continuando con la línea de análisis del periodista y escritor Juan Jorge Faundes, los periodistas abordaron dos tipos de áreas de investigación. La primera relacionada al área del consenso, denunciando y poniendo un tema en el que la mayoría de la sociedad estaría de acuerdo que se investigue: la venta indiscriminada de tierras y la concentración de tierras y zonas en manos extranjeras. Si bien los autores del libro investigan una problemática que es funcional al sistema, develando los entramados y negociados que se producen en el mismo para que este lo corrija, también se centran en otra área de investigación: desde la disidencia. Desde este lugar, denuncian al sistema piramidal, porque dan a conocer que ante la falta de legislación que controle la concentración de tierras, las corporaciones económicas nacionales y extranjeras adquieren terrenos de cualquier manera y pone en evidencia al Estado y los gobiernos provinciales, quienes no han hecho nada ante esta problemática o más sencillamente han mirado para otro lado.

Por último, la investigación deja otros temas relacionados a esta problemática que en un futuro podrían ser cuestiones a abordar: por un lado, los campos por donde el narcotráfico lleva adelante sus operaciones semanales, donde pequeñas avionetas aterrizan en “tierras liberadas” que en realidad tienen nombre y apellido pero que se ocultan en complejas sociedades anónimas. Además, comentan que tuvieron acceso a documentos de una comisión parlamentaria que demostraría que corporaciones argentinas, ex senadores y diputados, ex funcionarios y periodistas han adquirido miles de hectáreas de tierras para forestar en Uruguay y participar del negocio con la sucesión de pasteras de origen extranjero, por fuera de Botnia.

El artículo forma parte de los parciales que propone el Taller, que tienen por objetivo analizar obras de investigación realizadas por periodistas.

Más información

Datos aportados por la investigación

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